Ministerio de Defensa de la Cultura
martes, 21 de febrero de 2012
ME HE MUDADO
viernes, 11 de marzo de 2011
110 km
miércoles, 12 de enero de 2011
HIJO DE PUTA
jueves, 30 de septiembre de 2010
CARTA A UN JOVEN ESCRITOR
En el fondo, escribir no es tan complicado. Eso sí, debes tener muy en cuenta que si una persona se decide a leer lo que has escrito debe estar bien escrito. Nadie quiere leer algo que podría haber escrito su abuela. Tampoco es exigible excesivos retruécanos de estilo, el texto ha de ser meramente potable. Ese se puede considerar el primer filtro. Una construcción adecuada, unas frases entendibles, una descripción completa. La persona que se ponga delante de tu texto se tiene que imaginar lo que estás contando. Es una de las grandes ventajas para el lector, pero a veces uno de los grandes límites para quien escribe.
El segundo gran filtro es la historia. Debe de relatar algo importante, o entretenido, ha de causar una impresión en el lector. Ahora bien, el escritor ha de escribir de lo que conoce. Si no, queda forzado, inverosímil. Pero cuidado con esto: el hecho de que conozcas muy bien algo no significa que le pueda interesar a alguien. Generalmente las autobiografías y punto, a no ser que seas Napoleón, no resultan muy interesantes. Ten en cuenta que todo el mundo tiene sus problemas, sus vidas, su historia. Tú, joven escritor, te sentirás tentado a escribir sobre el chico que se siente solo, o la chica que lo tiene todo pero no es feliz. Todo el mundo ha pasado por eso, ten cuidado. La vida de por sí es demasiado cruda, la narrativa no basta para contarla. Si has de hacerlo, cuenta una historia bella. Maquilla la realidad lo necesario.
Respecto a la historia, es un problema en sí mismo. Un consejo es que hasta que no tengas hilado un cuento, no te sientes frente al papel. Crea mucha frustración, y puede causar que el relato quede incoherente.
Ahora bien, ¿qué cuento? Piensa en lo que más te guste. Piensa en el cuento que tú querrías haber leído. Eso te ayudará a encontrar un estilo y además te obligará a ser más exigente contigo mismo, ya que te tendrás que comparar con grandes escritores, los que leas habitualmente.
El gran tema, en gran parte de la literatura, es el amor. Ahora, el amor por sí solo no suele bastar para sustentar un buen libro. A Yann Andrea le salió bien. Pero se me ocurren pocos más. No, el amor por sí solo no basta, es necesaria una chispa, un reto, un peligro. Un algo que te ayude a hilar la historia. Una amante, una guerra, una enfermedad. La desdicha, el desengaño. Y sobre todo recuerda que hay muchas clases de amor, y muchas formas de amar. Si eres frío y práctico, no crees un personaje protagonista enamoradizo y soñador. Escribe sobre lo que conozcas.
Y sobre todo ten en cuenta que por mucha ficción que le metas al relato, debe de ser lógico. Prácticamente verosímil. El lector no puede perderse con tu historia, no puede no entender. Porque la lectura es comprensión.
Escribir relato corto es fácil. Juegas con ventaja, ya que el lector se tiene que imaginar el contexto de tu historia, cómo empieza y cómo acaba. Es necesario encontrar una línea narrativa y contar solo un pedazo, suficiente en sí mismo. Es un error meter demasiado contenido en un relato corto, puede resultar superficial.
Ahora, lo complicado es la novela. Es difícil, aunque ya tengas tu historia, tus personajes, tu contenido, el universo paralelo que conlleva toda novela, empezar a escribirla. De repente te das cuenta de lo poco que sabes. Te empiezan a entrar dudas, todo te parece que se cae por su propio peso. Construir un universo es muy complicado, y hasta el más mínimo detalle requiere conocimiento. Siempre puedes escudarte en un mundo inventado, pero que sea realmente inventado por ti. Muchas grandes novelas han caído por la excesiva similitud a otras. Si no te va la fantasía investiga. Aprende. Busca. No tienes por qué saberlo todo, si no lo suficiente para poder hilar tu historia. Lo suficiente para que tenga lógica. Y no te pierdas en los detalles, ya que hay ocasiones en los que no es necesario ahondar demasiado en ellos. Como ejemplo, por ridículo que suene, si no tienes ni idea de la cría de ornitorrincos, y uno de tus personajes los cría (y además es imprescindible para el desarrollo de la novela), búscale otra afición. Hazle bebedor, o adicto al fútbol. Que no hable de ornitorrincos. No es necesario.
Hay muchos más problemas a la hora de escribir, pero de momento el último que se me ocurre es el de los diálogos. Por mucho que te encandilen los diálogos ultrarrealistas, ten en cuenta toda la porquería que todo ser humano, sobre todo joven, puede decir a lo largo del día. No te renta tener tres folios de diálogo de no más de una línea cada intervención. Dosifícalo. Emplea bien los diálogos, haz que a raíz de ellos se descubra más de tu historia, desgájala poco a poco. Pero esto no es teatro, no abuses de ellos.
Ahora que te has decidido a escribir tienes en tus manos la responsabilidad de crear.