Y a Ava. Y a Marilyn. Echo de menos ese tiempo en el que las mujeres no tenían reparos en ponerse falda ni tacones, ese tiempo en el que las mujeres eran mujeres.
Me encanta ser mujer con todas sus circunstancias. Me encanta hechizar con una mirada e hipnotizar con un perfume. Me encanta que por mis tacones suenen más alto mis pasos.
Hoy en día parece ser que las cosas han cambiado mucho. Hoy en día parece ser que da vergüenza ser una mujer. Parece ser que lo que se lleva es ser hombres, para que no parezca que nos rendimos ante ellos, valga la paradoja. Parece ser que cuantos más altos los tacones, más corta la falda y más elaborado el maquillaje, más vacía la cabeza. Las mujeres visten como creen que vestirían los hombres de ser mujeres. Y después se encabronan porque no se las mira.
Pues yo digo que adoptar sus costumbres es darles la razón. ¿Qué pasa, que hay que ser como un hombre para ser alguien? Las mentes más prodigiosas y más influyentes femeninas son mujeres de verdad. Y bien orgullosas de serlo. La primera camisetucha del armario e ir sin lavar el pelo se lo dejamos a ellos, que para eso están. De hecho, conozco hombres que se arreglan más que las mujeres hoy en día. Al menos se peinan.
El caso es que la sociedad femenina ha derivado a varios subtipos en los que la elegancia brilla por su ausencia. Está el genero “¿para qué me voy a maquillar?”, “¿el genero “tengo unos tacones, pero no se andar con ellos” (cielo, practica en casa antes y sálvate de una situación patética), el genero “pues yo en deportivas voy mucho más cómoda, ¿qué pasa?” y por desgracia también el género “voy con las bragas y medio tetamen al aire subida sobre unos taconazos sobre los que no se ni andar para que me digan que estoy muy buena”. La simple elegancia se ha abandonado a las miradas extrañadas y despectivas, por no hacer uso de los términos de igualdad. Pues igual que no digo genera cuando me refiero al sexo femenino, no me voy a rebajar a ser una dejada, ¿no? La igualdad laboral y social es imprescindible. La igualdad lingüística y estética es una pollada. Es un intento inexpugnable de demostrar, sin excesivo éxito, que hombres y mujeres somos iguales en todo. A ver, pezqueñinos, a ellos les gusta el fútbol, las faldas y que les mimen. A nosotras las pelis romanticonas, los bestiajos con la camisa rasgada y que nos digan que nos quieren. Lo siento por las asociaciones igualitarias, pero paso de un tío que me arrope vestido con una falda y que me ponga el fútbol los domingos. Igual supongo que le pasaría a cualquier hombre con una eriza que por mucho que repita “te quiero” no sabe vestir, no sabe estar y se rasca los machos de vez en cuando.
Hay veces que romper con la educación lo rompe todo.
Así que yo me quedo con mi peine de rulo, mi rimel, mis stilettos, el misterio y la magia. Yo me quedo con un “me encanta como hueles” y con un “hoy estás guapísima”. Yo me quedo con Grace Kelly.
jueves 27 de marzo de 2008
miércoles 19 de marzo de 2008
LO QUE OCURRE CUANDO SE MEZCLA EL AMOR, CON EL ODIO, CON LA MODA Y CON EL MAR, Y POR QUÉ NO DEBE HACERSE NUNCA
Sueltas hilo, lo tiras al mar. Te quedas horas, días tal vez esperando una señal. Años.
Y los peces no contestan.
Y de repente, algo tira, y tu corazón se desboca. Pero ha sido una falsa alarma. Tu pez se queda donde estaba, con otros peces.
Y te empiezas a preguntar como es su vida, como es todo aquello que no puedes ni debes saber. Y deseas que los otros peces, a los que ves tan insulsos a tu lado, sean no solo feos, sino idotas, e intransigentes, y faltos de conversación. Deseas que tu pez sea infeliz, para que muerda tu anzuelo.
Y te imaginas con él. Finalmente. Buscas y buscas las palabras adecuadas y descartas todas. No hay palabras que pudieran describir tu felicidad al ver que lo ha dejado todo para estar contigo, ni para describir la rabia que sentías al pensarle con ella; ni hay palabras para transmitir tu deseo de que el pensara en ti en vez de en ese insulso mundo. No hay palabras, mejor.
Y él lleva la camisa blanca y los vaqueros rectos, y tú el blusón negro y los pitillo claros, que te dan un aspecto desenfadado. Y hace frío y te presta la chaqueta. Y te lleva a un lugar más allá del tiempo, más allá del frío, más allá del estanque. Te lleva más allá de tu vida.
Y tira los Nine West lejos, y arranca los pitillo claros, y tú le rompes los botones de la camisa. Raca con el blusón y pum con el Gaucho, que vigila expectante. Y plaf contra las hojas del bosque, pufeando y aiendo.
Y dos tequieros muy rápidos al final. Y los improperios propios del desenlace. Y todo acaba.
Y vuelve al mar, llevandose, como recuerdo, el echarpe con el que, esnifeante, y bujuosa, te secabas las lágrimas.
Y los peces no contestan.
Y de repente, algo tira, y tu corazón se desboca. Pero ha sido una falsa alarma. Tu pez se queda donde estaba, con otros peces.
Y te empiezas a preguntar como es su vida, como es todo aquello que no puedes ni debes saber. Y deseas que los otros peces, a los que ves tan insulsos a tu lado, sean no solo feos, sino idotas, e intransigentes, y faltos de conversación. Deseas que tu pez sea infeliz, para que muerda tu anzuelo.
Y te imaginas con él. Finalmente. Buscas y buscas las palabras adecuadas y descartas todas. No hay palabras que pudieran describir tu felicidad al ver que lo ha dejado todo para estar contigo, ni para describir la rabia que sentías al pensarle con ella; ni hay palabras para transmitir tu deseo de que el pensara en ti en vez de en ese insulso mundo. No hay palabras, mejor.
Y él lleva la camisa blanca y los vaqueros rectos, y tú el blusón negro y los pitillo claros, que te dan un aspecto desenfadado. Y hace frío y te presta la chaqueta. Y te lleva a un lugar más allá del tiempo, más allá del frío, más allá del estanque. Te lleva más allá de tu vida.
Y tira los Nine West lejos, y arranca los pitillo claros, y tú le rompes los botones de la camisa. Raca con el blusón y pum con el Gaucho, que vigila expectante. Y plaf contra las hojas del bosque, pufeando y aiendo.
Y dos tequieros muy rápidos al final. Y los improperios propios del desenlace. Y todo acaba.
Y vuelve al mar, llevandose, como recuerdo, el echarpe con el que, esnifeante, y bujuosa, te secabas las lágrimas.
lunes 3 de marzo de 2008
LEX LEGIS
Disclaimer: todas estas leyes estan repartidas entre "La carta esférica" y "Ley del barco fondeado" de Arturo Pérez-Reverte. Pero... ¡Qué ciertas son!
LENC. Ley de los Encuentros Nada Casuales
(O de la casualidad que huele a chamusquina)
LBMF. Ley de Bailar con la Más Fea
(-¿Bailas?
- No
- ¿Y eso?
- Eso es mi amiga, y tampoco baila.)
LTMSCBA. Ley de la Tostada con Mantequilla que Siempre Cae Boca Arriba
(Sobre todo si las sillas son blancas y la mermelada oscura)
LMTPD. Ley de Mucho Toma y Poco Daca
LBA. Ley de la Bragueta Abierta
(Cuando más puede joder)
LAC. Ley de las Asombrosas Coincidencias
LPPI. Ley del Pago Puntual de su Importe
LAA. Ley del Aire Ausente, o nunca estás cuando te necesito.
LGO. Ley de la Gravedad Oportuna
LGI. Ley de la Gravedad Incómoda
LHM. Ley de las Hostias a Mansalva
(O agacha la cabeza y da codazos)
LCE. Ley de las Compensaciones Evidentes
(O LCI, Ley de las Compensaciones Innecesarias)
LAV. Ley de Apaga y Vamonos
LQTHVQTV. Ley de Quién Te Ha Visto y Quién Te Ve
(Recurrente cuando te encuentras un antiguo amor, que ha encogido)
LBLTL. Ley de Blanco, Líquido y en Tetrabrik suele ser Leche
(Y rara vez es nata)
LUC. Ley de la Última Carta
(O sea, la de la manga)
LTAPE. Ley del Taxi que Acaba de Pasar por la Esquina
(A las cinco de la mañana en Arenal)
LAB. Ley del Alambrito del Bimbo
(Que cuanta más humedad haya en el ambiente, más propenso es a perderse)
LLE. Ley de la Llave Equivocada
(Sorprendentemente se cumple hasta cuando solo hay dos)
LPF. Ley del Prospecto Farmacéutico. Cada vez que abres una caja de medicamentos, lo haces siempre por donde el prospecto, plegado, impide acceder al contenido.
LAO. Ley del Autobús Oportuno. Cada vez que besas a tu secretaria en una calle de una ciudad de cinco millones de habitantes, pasa en ese momento un autobús con tu mujer en la ventanilla.
LBF. Ley del Barco Fondeado. Cada vez que te encuentras fondeado con un velero en una costa desierta y de varias millas de extensión, el siguiente barco que fondee lo hará exactamente a tu lado. (Algo malo tendrá la zona sin barcos, para que nadie fondee en ella)
LMC. Ley de la Mesa contigua, reforzada por la NMC, Norma del Maître Cabrón. En una cafetería o restaurante con todas las mesas vacías, cualquier nuevo cliente ocupará siempre la más próxima a la tuya. (Ésto se cumple hasta en restaurantes enteros: por lo general, en una calle vacía, el único sitio que plantea problemas de mesa es al que quieres ir).
Bueno, y ya ppor completar, voy a improvisar un par de leyes más.
LIC. Ley de las Indecencias Casuales. Estas viendo una película o página de internet lo más normal del mundo hasta el momento en el que entra tu madre, que sale la escena de sexo o la página erótica.
LTI. Ley del Timbre Inoportuno. Cuanto más acompañado estés, más probabilidades hay de que se oiga el timbre en tu casa. Corolario: sin embargo cuando hace frío el timbre no se oye. A no ser que estés acompañado.
LCH. Ley de los Cocos Hawaianos. Da igual el respeto que le tengas a una persona. Desaparecerá cuando le imagines vestido de hawaiana con cocos en el pecho.
LPB. Ley de la Palabra en la Boca. Cuanto más cosas tengas que decir en una despedida, más probabilidades hay de que la otra persona vaya a perder el vuelo, se incendie el edificio o haya una hecatombe nuclear. Complementado por la LPBA: Ley de la Palabra en la Boca Ajena. Cuantas más cosas no quieras oír en una despedida, más tiempo tendrá la otra persona.
Corolario de la LHM, cuantas más ganas tengas tú de repartir hostias a mansalva, más probabilidades hay de que la otra persona te de nuevas razones. Y más de que la líes por hacerlo.
LENC. Ley de los Encuentros Nada Casuales
(O de la casualidad que huele a chamusquina)
LBMF. Ley de Bailar con la Más Fea
(-¿Bailas?
- No
- ¿Y eso?
- Eso es mi amiga, y tampoco baila.)
LTMSCBA. Ley de la Tostada con Mantequilla que Siempre Cae Boca Arriba
(Sobre todo si las sillas son blancas y la mermelada oscura)
LMTPD. Ley de Mucho Toma y Poco Daca
LBA. Ley de la Bragueta Abierta
(Cuando más puede joder)
LAC. Ley de las Asombrosas Coincidencias
LPPI. Ley del Pago Puntual de su Importe
LAA. Ley del Aire Ausente, o nunca estás cuando te necesito.
LGO. Ley de la Gravedad Oportuna
LGI. Ley de la Gravedad Incómoda
LHM. Ley de las Hostias a Mansalva
(O agacha la cabeza y da codazos)
LCE. Ley de las Compensaciones Evidentes
(O LCI, Ley de las Compensaciones Innecesarias)
LAV. Ley de Apaga y Vamonos
LQTHVQTV. Ley de Quién Te Ha Visto y Quién Te Ve
(Recurrente cuando te encuentras un antiguo amor, que ha encogido)
LBLTL. Ley de Blanco, Líquido y en Tetrabrik suele ser Leche
(Y rara vez es nata)
LUC. Ley de la Última Carta
(O sea, la de la manga)
LTAPE. Ley del Taxi que Acaba de Pasar por la Esquina
(A las cinco de la mañana en Arenal)
LAB. Ley del Alambrito del Bimbo
(Que cuanta más humedad haya en el ambiente, más propenso es a perderse)
LLE. Ley de la Llave Equivocada
(Sorprendentemente se cumple hasta cuando solo hay dos)
LPF. Ley del Prospecto Farmacéutico. Cada vez que abres una caja de medicamentos, lo haces siempre por donde el prospecto, plegado, impide acceder al contenido.
LAO. Ley del Autobús Oportuno. Cada vez que besas a tu secretaria en una calle de una ciudad de cinco millones de habitantes, pasa en ese momento un autobús con tu mujer en la ventanilla.
LBF. Ley del Barco Fondeado. Cada vez que te encuentras fondeado con un velero en una costa desierta y de varias millas de extensión, el siguiente barco que fondee lo hará exactamente a tu lado. (Algo malo tendrá la zona sin barcos, para que nadie fondee en ella)
LMC. Ley de la Mesa contigua, reforzada por la NMC, Norma del Maître Cabrón. En una cafetería o restaurante con todas las mesas vacías, cualquier nuevo cliente ocupará siempre la más próxima a la tuya. (Ésto se cumple hasta en restaurantes enteros: por lo general, en una calle vacía, el único sitio que plantea problemas de mesa es al que quieres ir).
Bueno, y ya ppor completar, voy a improvisar un par de leyes más.
LIC. Ley de las Indecencias Casuales. Estas viendo una película o página de internet lo más normal del mundo hasta el momento en el que entra tu madre, que sale la escena de sexo o la página erótica.
LTI. Ley del Timbre Inoportuno. Cuanto más acompañado estés, más probabilidades hay de que se oiga el timbre en tu casa. Corolario: sin embargo cuando hace frío el timbre no se oye. A no ser que estés acompañado.
LCH. Ley de los Cocos Hawaianos. Da igual el respeto que le tengas a una persona. Desaparecerá cuando le imagines vestido de hawaiana con cocos en el pecho.
LPB. Ley de la Palabra en la Boca. Cuanto más cosas tengas que decir en una despedida, más probabilidades hay de que la otra persona vaya a perder el vuelo, se incendie el edificio o haya una hecatombe nuclear. Complementado por la LPBA: Ley de la Palabra en la Boca Ajena. Cuantas más cosas no quieras oír en una despedida, más tiempo tendrá la otra persona.
Corolario de la LHM, cuantas más ganas tengas tú de repartir hostias a mansalva, más probabilidades hay de que la otra persona te de nuevas razones. Y más de que la líes por hacerlo.
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