miércoles 9 de abril de 2008

RECUERDOS II

Es que hablar con Pebbles me trae tantos recuerdos que le voy a dedicar una entrada entera a todas nuestras felicidades. Esta probablemente va a ser la entrada más extraña, desmitificadora, y entrañable que he escrito nunca. Después de casi cinco años, nos ha dado tiempo a acumular una buena cantidad de ellas.
Aún me acuerdo de aquella noche, paseando en Puerta del Sur, buscando a las 11 de la noche, a unos 5 grados una cafetería con máquina expendedora, hablando de la estupidez del ser humano, pelándonos del frío pero sin ganas de ir a casa y decirnos adiós. Aún me acuerdo de aquel capuchino de sobre, mal sentadas en una tumbona en el jardín, en pijama, obvio, en silencio y dejando que pasara el tiempo. El capuchino sabía a mierda, pero el momento, primero de muchos, fue único.
Aún me acuerdo, como no, de cierta noche de piñas coladas que acabamos a tubitos de cubata, devorando con saña una pizza en la recena, y mentándonos la madre de cada uno que pasara. Que si uno es maricón y que si otro divorciado y que si esa tia es tan falsa que me dan ganas de potar. Tragándonos “El club de la lucha”, por enésima vez, y repitiendo, como siempre, la frase “esto es filosofía de la buena, tronca”. Y cortando de cuajo para hablar de Shakespeare. Y volviendo a mentarnos la madre del maricón que regresaba.
Aún me acuerdo del Hawaiano. Llamando por el nombre de pila al camarero y deshuevándonos por los chupitos exóticos. Que sea rosa no significa que sepa bien, ¿no? Y moda, gente, sociedad, filosofía, noche, chupitos… Todo en una conversación. Y tú riéndote porque se me escapó un zapato y le dio a uno en la cabeza. Y yo riéndome porque te encontraste un jersey en la parada de metro. Y cuando nos empezó a llover, y corríamos, de parada de bus en parada de bus.
Aún me acuerdo de la habitación de Roma. Que el suelo crujía y la cama estaba demasiado blanda y la almohada demasiado dura. Y el mosaico del suelo del baño era un suplicio cuando hacía frío, porque se nos congelaban los pies. Y perdiste la cadena del baño. Y nos escapamos a buscar a Marco y a Stephano al Hard Rock, y nos acabó invitando la eriza que te empujaba.
Aún me acuerdo de cierto Año Nuevo, comiendo en casa de Sito, y como te reías con Alberto el de las Nike, que cuando veía a su padre hacía AHHHHH. Y contándonos batallitas, y acabando entre las dos camas de mi cuarto, incómodas de cojones, a punto de meternos una hostia entre las dos camas de recordar. Y yo jurando dejar de fumar mientras me encendía un piti. Y tu cagándote en el mundo.
Aún me acuerdo de París, cuando cogíamos el portante y nos pirabamos a la brasserie de enfrente, a probar toda la carta de cócteles con el camarero fondón. Y las peleas de almohadas que hacían que los vecinos vinieran a echarnos la peta.
Y las risas en clase, ¿qué me dices de eso?, que toda excusa es buena para echarse unas buenas risas, que eres la mejor cura para el mal humor. ¿Que algo es malo? Pues a la mierda con ello. ¿Qué algo es bueno? Tú la Coca Cola y yo el ron y sólo nos queda cuando celebrarlo. Y echarnos unos bailes de salsa en Gaviria, o donde sea hasta que pague impuestos, espantando a los carcamales. ¿Te apuntas?

3 comentarios:

Anikin dijo...

P.S. Se me olvidó lo de la fiesta en mi casa, pidiéndole al camarero más ron y montándola en la zona de fumador. Y buscando Chuman o Justus Lipsius. Jope! Y los barrenderos echandonos la bronca en La Latina!

Pebbles dijo...

A un bombardeo.
También se te ha olvidado la noche de la famosa recepción y nosotras comiendo croquetas frías de Mary en la cocina, o el cumpleaños de Antoine bailando salsa dejando escandalizados a los invitados, o las pilladas cantando "all my loving".
Que bonito es tener tanto bueno que recordar y que bueno tenerte a ti para recordarmelo. No te vayas nunca que sabes que tengo fallos de memoria y necesito al ron para acordarme de donde era la fiesta

Pebbles dijo...

Por cierto si las arrugas estas de las risas no me recordaran tantas cosas la cuenta del botox...