Estoy cabreada. Estoy hastiada. Me cansa infinitamente este país de indigentes culturales. De vulgarización llevada a la categoría de arte. De estupidez elevada a la categoría de ideal. Me cansa infinitamente tener que repetir las cosas. Me cansa infinitamente tener que aguantar como la gente responde “Porque sí” cuando preguntas por qué dicen algo. Me cansa infinitamente tener que aguantar como la gente me calca frases u opiniones de otros sitios sin razonarlas y después intentan debatir conmigo.
Pero me estoy adelantando muchísimo. La idea de este post me vino hace apenas dos semanas cuando me fui a buscar un par de títulos más para la saga de Aubrey-Maturin de Patrick O’Brian. Cuando llegue al apartado de novela histórica, me encontré con exactamente los mismos títulos que dejé en la tienda hace tres años cuando compré los primeros. No pasa nada. Fui a preguntarle al servil dependiente que me dijo que no había más, que podía encargarlos pero que no podía asegurar cuanto tardarían y que la última compra allí la hizo alguien hacía tres años. Pero que me recomendaba el nuevo libro de Boris Izaguirre que es best-seller y ganó no se que mierda de premio.
Y sin querer, me cabreé. No alcanzaba a entender como yo soy la única cliente de libros como los de O´Brian, pero sin embargo Boris Izaguirre es un puto best-seller y ha ganado un puto premio.
Después oyes hablar de arquitectos que construyen puentes que se caen, de fiscales que no son capaces de recordar todos los agravantes para un caso, de crisis económicas, de corrupciones fiscales, de abogados que entran en bufetes para hacer cafés y después son los que llevan tu caso. Después pienso que de mi entorno, habrá ingenieros, jueces, arquitectos, abogados. Habrá gente que construirá edificios en los que vivan o trabajen personas, levantarán puentes por los que miles de personas pasarán, defenderán la vida de personas y juzgarán lo que esté mal o esté bien. Gente que apenas piensa más allá de lo que van a hacer este fin de semana construirá mi casa, me defenderá o juzgará en un juicio o construirá las infraestructuras por las que circule yo o mi familia a diario. Gente que me ha ninguneado por leer un libro sin dibujos o por no tener acento de Vallecas cuando hablo inglés o por saber quién es Nelson van a trabajar codo con codo conmigo. Puede que esa gente algún día se atreva a decirme lo que tengo que hacer.
Y es que estoy hasta las narices del indigentismo. Esa palabra, de creación propia, define a la pobre y miserable España. Un país de gente sin interés, sin cultura, sin inquietudes. Un país de gente que lee a Boris Izaguirre pero tiene el María Moliner calzando el sofá del salón. Sé que tengo la autoestima alta, me la sube este país de idiotas, este país de Ministras de Educación que no saben latín, de niñatas que piensan más el modelito que sacarse un examen. Este país de imbéciles en miniatura que gritan “¡Viva Franco!” y apenas saben quién era. De ideales chapurreados sacados de una revista, de gente que prefiere leer el Marca que a Quevedo. España está en sequía. En sequía de ideas, en sequía de mentes que la levanten, en sequía de gente que trabaje por ella.
El indigentismo es la ley del “como no soy tan inteligente como tú, se tú tan idiota como yo”. Es ahogar las mentes sabias por envidia. Es intentar frustrar las buenas ideas por la frustración que causa no saber tenerlas. Es ningunear a alguien porque se niega a ser tan estúpido como para seguirte la corriente.
El indigentismo es olvidar la educación. Es que cualquier cosa vale, menos lo que debería valer. Es comer con la boca abierta, hablar con la boca llena, gritar en medio de un sitio público porque sabes que lo que puedas decir nunca será tan importante como lo que tienen que decir los que no tienen por qué gritar. Es volver al mono, y creer que poniéndote agresivo vas a llegar a alguna parte. Es decir que aquellos que te superan lo hacen porque les tienen “enchufe”. Es pensar que por llevar la falda más corta se te va a escuchar más.
Esto es una afrenta clara. De aquí en adelante solo espero que está mísera España tenga algún adversario decente para mi ataque. No pienso consentir que nos dominen los necios. Si no eres capaz de seguir una conversación, no interrumpas. Si no eres capaz de entender lo que alguien te dice, no uses la fuerza. Reforzará tu estupidez. Si no eres capa de entender lo que estás diciendo, no lo digas.
Si no eres capaz de llegar a un argumento con el que rebatirme, admite que tengo la razón.
miércoles 16 de abril de 2008
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5 comentarios:
Valores,educación, principios, cultura... y el mundo será mejor. Con gente como tú aunque sea a pequeños saltos se irán moviendo los cimientos.
No pierdas la esperanza y recuerda que la cultura, los principios, la educación, los valores... son las únicas cosas que nadie podrá quitarte nunca; cuidalos.
Mientras tanto la poca conversación cultural (o friki, como prefieras) que pueda ofrecer (está en proceso de cultivo) te la ofrezco gustosa a tí y a todo aquel que quiera.
Ehhh... Vale, tienes razón.
Estoy de acuerdo. Mi tesis es que es pura envidia como ya dices tú, como la mayoría son/somos lelos pues suelen (en vez de admirar y aprender) criticar e insultar, tratan de ridiculizar y quedan a la altura del betún.
Por relajarse un poco... Sabes que eres mi friki favorita :P
Un besazo, gorda
hombre el libro de boris esta bien, aunk me sigo kedando con el de ana rosa, os lo recomiendo.
p.d:nelson es el mono de pipi calzaslargas no?
t* *o*a
Te aseguro que el que lee a Boris Izaguirre no tiene el María Moliner ni para calzar el sofá, y ni sabe que existe.
"Indigentismo". Me gusta la palabra, te la tomaré prestada (citando la procedencia, una cosa es que esté contra el Canon, y otra muy distinta que no respete la Propiedad Intelectual)
Yo me apunto también lo del "indigentismo". Formula algo en lo que pienso a menudo: la falta de rigor y exigencia en cuanto a lo intelectual. Una cosa es no haber tenido la suerte o las oportunidades para formarse y otra renunciar a todo lo complicado. El antropólogo Manuel Delgado lo define como complejofobia. Lo alarmante es la cantidad de gente que se apunta a dicha corriente. Una lástima.
Saludos
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