Y es que hoy estaba hablando con Porthos de lo mal que se me da eso de olvidar. No hablo de olvidar nombres o títulos, que todo el mundo sabe que para mí la pintura románica española como si no entrara. (Pequeña pulla frustrada relativa a examenes)
Me refiero a olvidar sentimientos, a olvidar sensaciones. A olvidar personas. A olvidar amor, a olvidar odio. A borrar el rencor y el amor y la amistad perdida. Y es que se me da demasiado mal. No es que de buena de en tonta, que va a ser que no, es que de tonta doy en tonta y no olvido. Los dioses me regalaron una memoria de elefante (y en estos momentos, unas cartucheras de elefante también ;-) ) y las cosas se quedan demasiado tiempo en mi cabeza.
Pero he encontrado el método para conseguir olvidarme de todo.
Un día un personaje, llamémosle X, decidió que llegado un cierto punto de mierda en su vida, tenía que olvidar. Comenzó por la parte más obvia, la académica. Cogió sus apuntes, sus libros y cuadernos, los bolis y carpetas y los tiró todos a una gran hoguera. Al pensar en la amistad, cogió todos los regalos de los falsos amigos, todas las hojas de direcciones, agendas, teléfono y ordenador y con ellos a la gran hoguera. Al pensar en el amor, tiró todos sus libros, todos a la hoguera. Todos los que tenían una bonita historia, todos los que leyó por enamorar a alguien, todos los que arrancaban sentimientos. A la hoguera. Después arrancó el espejo de la pared, ese donde se miraba antes de salir con sus amantes, y a la hoguera también. Tiró a la hoguera todos los cosméticos con los que se arreglaba. Tiró la ducha donde soñaba con ellos. Tiró el colchón que ellos probaron. Tiró la ropa con la que les provocaba. Tiró los cuadros donde les buscaba. Tiró las lámparas que iluminaban sus cuerpos.
Y fue al armario. Y cogió uno a uno los pares de zapatos. Y cada uno le traía un recuerdo que le hacía tirarlos a la hoguera. Finalmente, cuando en el cuarto solo quedaba una enorme hoguera crepitante, respiró y se dio cuenta de lo que le faltaba. Sólo podría dejar de recordar si no pensaba. Pienso, luego recuerdo. Y con una gran inspiración, saltó a la hoguera. Más que por bruja, por recordona. Y mientras caía recordaba su vida.
Bueno, esto ha sido excesivo, creo. Desde luego que me tiraría yo a la hoguera, ¡pero a mis zapatos no! Yo sigo más la ley del cubata, plasmada en el blog de Spes. ¿No ayudaba a olvidar?
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4 comentarios:
Qué miedo me das.
Bueno, nuestro video tiene casi mil visitas y Cánovas y yo estamos al borde de la histeria.
Me apunto. Tanto a las copas como a la hoguera.
¿Tú crees que te vas a acordar de todo lo que tienes que olvidar?
También puedes poner una balda encima de la almohada, a base de golpes...
Excelente!!! Tal vez despuès de todo eso, ella no sería más que un recuerdo en la mente de alguien. A mí me sucedes que recuerdo simpre las caras pero no los nombres, y me hago lío con eso y parece que tampoco recuerdo a la persona. Me gustó mucho la película "Alfie" hay una escena donde él se cruza con una chica con la que estuvo y no la recuerda. Ella le habla hasta que se da cuenta de la horrible situación...De nuevo muy bueno el texto!
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