sábado 12 de abril de 2008

LAS MENTIRAS Y LAS PALABRAS

Siempre que me pongo ante el ordenador y mis dedos se extienden sobre el teclado, mi mente se llena de pájaros. No solo me pasa a mí. Narrar es mentir. Admito, con el corazón en un puño, que gran parte de lo que os he contado en este año y pico son trolas. Soy una trolera. Soy escritora. Hasta la verdad, cuando está escrita, tiene ese tinte sensual de lo oculto, de lo misterioso. Todos nos hacemos valientes ante una hoja de papel. Nuestra vida es más bonita escrita. Las metáforas hacen que los fracasos no sean tan fracasos, y que los éxitos sean más exitosos. Hacen que un “hola, ¿Qué tal?” balbuceado sea un “nuestros ojos se cruzaron y saltaron chispas”, que una noche loca dure “las cuatro estaciones” y que un matrimonio sea “y fueron felices y comieron perdices”. Las pelis meten música bonita cuando en la vida real te encuentras con el tio que te mola de resaca, en chándal y comprando el pan. Para Disney no existían las palabras divorcio, repudio o, ya que estamos, feudalismo. Porque todos los campesinos cantan y están contentísimos en las pelis de Disney.
No, pero lo que me mata es lo infladísima que está la palabra amor en todo documento escrito o grabado. Es que nos tiran al mundo dando por supuesto que un día paseando por la calle nos vamos a encontrar al príncipe azul. Va a sonar una canción preciosa con pianos o violines al más puro estilo Madama Butterfly y eso, a vivir felices para siempre. Cuando nos damos cuenta de que no es así, una canción nos enseña a “ponernos tiritas en el corazón” y un libro o una peli nos cuenta que a Fulanito le dejó la novia y salió a la calle a por el periódico y conoció a la mujer de su vida con la que tuvo sexo tántrico en el ascensor. Y otra vez todos a la calle como gilipollas. De hecho estamos en la época en la que eso, todos nos pasamos la vida en la calle como si fuéramos palomas migratorias, cosa que está un poco más jodido teniendo en cuenta que están cayendo chuzos de punta, porque “la primavera la sangre altera”. Los dichos, no se si los he mencionado, son también una capullada. Me parece muy bien que cuando el grajo vuele bajo haga un frío del carajo, pero honestamente, no he visto un grajo en la puta vida, y de haberlo visto, como soy de la LOGSE, tampoco sabría reconocerlo.
Y los adultos se quejan, volviendo al tema de las bandas sonoras, de que los jóvenes estamos pegados al ipod todo el día. ¿Qué queréis? Si no hay un cuarteto de cuerda siguiéndome por la calle ya me lo pongo yo. No, esto es serio, fijaos lo imbeciles que parecemos todos cuando estamos pegados al ipod. Pensamos que como no oímos nada, tampoco se nos ve ni se nos oye. O lo que es peor, que todo el mundo oye también la música. Pero me estoy yendo muchísimo del tema, ¿a que sí?
A ver, estaba hablando de las trolas. Me parece que enlaza muy bien la literatura erótica aquí. Más que nada porque he levantado la mirada y he visto amor y sexo tántrico en el mismo párrafo. Bueno, quien dice literatura, también valen las canciones. El cine ya no, ¿ves?, porque eso sería meterse en el farragoso terreno del porno. El caso es que tu lees u oyes esas palabras como mantas, besos, cuarto, suspirar, morder, “quitarse los miedos”; esas palabras que ponen el sexo como una especie de orgía gastronómica en el Salón del Descanso del Corte Inglés, mezclado con que tu hermano pequeño ha tenido una pesadilla, y, como el ser humano no tiende a símiles tan extraños como el que acabo de poner, que se me ha bajado el morbo a los pies hasta a mí, pues te lo crees. Y el tío (o genera) adquiere un aura de poder y luz calentorra que hace que te cuelgues, inevitable. Y puede ser un saltamontes o haber encogido en la lavadora (no son metáforas entendibles, por si alguien lo intenta), que se te cae el mundo a los pies cada vez que le volvéis a leer o a oír. Quien dice mundo dice…
Y la razón de esta entrada es una muy simple. Estemos en el mundo por lo que estemos, que no me voy a poner trascendental a estas alturas de mi vida, sin duda un regalo de los dioses antes de tirarnos aquí fue la mentira. Como el padre que te regala una revista inmobiliaria a lo indirecta. Los hay más duchos, los hay menos. (Duchos= versados, entendidos, que se les da bien; no guarda relación directa de significado con la palabra ducha. Para los que tampoco saben reconocer un grajo) Mentimos para que la vida sea más sencilla. O más compleja. O simplemente para que parezca que estamos aquí por algo. Todos somos actores y la trama a veces la escribimos nosotros también ¿Quién no le ha mentido a su diario? Vale, ya habéis dicho que nunca. Ahora en serio. ¿Cuántas veces habremos dicho lo de: no, si a mi le chocolate no me gusta? Troleros. Que somos todos unos troleros. Y después culpamos a los actores de cine, escritores y cantantes porque nos mienten. Y no nos damos cuenta de que mentimos nosotros también al decir que les creíamos.

3 comentarios:

Pebbles dijo...

Todos nos mentimos...sí. Y quien diga lo contrario vuelve a mentirse. Pero de ilusiones se vive un rato feliz con o sin cuarteto de cuerda adosado.

Añadir una cosiña: que mentir, soñar y creerselo es todo gratis por eso es tan practicado.

vegaspes dijo...

Ma matao loel graho, trrrronka :P
(yo tb soi dela lóse)

Frase del uruguayo Onetti que te describe muy guay, gorda:
"La literatura es mentir bien la verdad."

Y sí, mentimos, ¿por qué?
¿Y por qué no? ;)

Cigarra dijo...

Lo que pasa es que la verdad sólo es una y en cambio las mentiras pueden ser muchísimas, y ante tanta oferta tentadora ¡quién se resiste!
Es broma. Pero tampoco hay que llamar "mentira" así, insultando, a lo que es, a veces, sólo un intento por embellecer la realidad con un poco de fantasía. :-))
Y luego, que no me digan que porque no vivió en realidad, Ana Karenina es mentira. La literatura será inventada, pero la buena es más verdad que la realidad pura y dura ¿que no?